miércoles, abril 28, 2004

He recuperado mi antigua imagen con la gorra

Y la he recuperando para ayudar en una mudanza de un amigo. Pantalones cortos, camiseta negra y gorra, y que me echen las mudanzas que quieran. Claro que haber estado en cerca de quince en los últimos ocho años deja una pátina de fastidio y vagueza cuando surge alguno de esos eventos y al protagonista del mismo se le ocurre que estaría bien que le echase una mano. Pero como sé lo caótico de esas situaciones, siempre digo que sí, y más si es un amigo.

Cuando bajaba por la escalera sintiendo que la reconfortante tela de mi gorra de Mahou se interponía entre mi cráneo y el yeso del techo (estamos de nuevo de obras en la finca), me puse a pensar en aquellos tiempos, hace casi cinco años, en los que la gorra me acompañaba a todas partes. Muchos de mis actuales amigos me conocieron con una gorra en la cabeza, famosa sobre todo porque nunca se movía de allí, salvo casos muy excepcionales. Durante algún tiempo fui "Ear el de la gorra". Que caña... parece que fue hace mil años. Incluso había alguna teoría que decía que la llevaba para no ir deslumbrando con el Silmaril. En aquellos tiempos las teorías absurdas para buscar explicaciones a los fenómenos de la Tierra Media (Los Silmarils son centrales nucleares de fusión fría, los Valar son negros, etc etc), estaban a la orden del día, como las batallas de kicks y las minikedadas. Canal #Tierra_Media, eras el centro de las vidas de bastante gente.

Pero me voy por las ramas. Decía que recuperé esa imagen mía de una gorra-con-un-tío-debajo para ayudar en la mudanza de este amigo. Y es que si todo va bien podré mudarme en Mayo a la casa que él y su compañero van a dejar vacía. Un piso de verdad, con un salón donde cabe una mesa en la que pueden comer más de uno, con un baño en el cabe más de media persona, con luz del sol entrando por las ventanas, con un apilable, con un sofá que no se cae a trozos. La casa es adorable, de esas que sorprenden al viandante común, el cual piensa que son un recuerdo de la dictadura salido de los libros: cinco pequeñas viviendas repartidas en dos plantas y alrededor de un pequeño patio que pide a gritos largas noches de tertulias y juegos en verano, mirando las estrellas y bebiendo tinto con casera. Hay hasta la típica manguera. Es como una puerta dimensional a una casa de pueblo andaluz en mitad de Madrid. Me encanta. Si saliera... tiene que salir. Si me tengo que prostituir en la Gran Vía, meterme a un gimnasio y hacerme la cera todas las semanas para pagarlo, lo haré gustoso XD. Y este amigo en el piso de abajo. Es casi demasiado bueno para ser verdad. Pero estoy decidido a que lo sea.

domingo, abril 25, 2004

Hace seis horas y media que ha empezado el domingo...

...y estoy ligeramente achispado. En realidad estoy medio borracho, de manera que pido disculpas a los sufridos lectores por las faltas de ortografía que seguramente cometeré. Pero acabo de llegar a casa, a esta pequeña casa que es mi hogar, y mientras caminaba por las oscuras calles del madrileño barrio de Lavapiés, me he puesto a pesar mientras cantaba canciones del cancionero de la STE.

Un garito cualquiera, luces, música. Está cerca de la Fontana de Oro. Chicas, muchas chicas. Algunas muy guapas. Otras muy atractivas. Otras ambas cosas. Cruzo mirada con una de ellas, la cual podría estar en la Pasarela Cibeles. Ella no aparta la mirada. Me gustan las chicas así. Soy yo el que la aparta, pues no busco nada. Cuerpos al son de la música y de los Wonderbrá se mueven entre sombras y luces. Parecen atractivos, y las pieles son suaves al tacto. Muy suaves, pero no dulces. Todo está viciado por el humo y el alcohol.

Sí... son bellas, son hermosas, son atractivas, son Ellas. Pero...

Pero ninguna se acerca a Ella.

martes, abril 20, 2004

Cuaderno de Bitácora

El Ekkaia... la última frontera. Estos son los viajes de la barca especial Vingilot, en una misión que durará muchos años, con el objetivo de dar esperanza a todos los Elfos y los Hombres de bien, los cuales solamente verán una estrella, allá lejos, donde ningún hombre, donde nadie, ha llegado antes.

Para aquellos que no lo sepan, Ekkaia es el nombre que escogió el Profesor Tolkien para designar los mares que rodean la parte del Eä que los Elfos llaman Arda. Ekkaia o "Mar Circundante", es por donde navega incansablemente un navío como nunca se vio otro igual, hecho con maderos blancos, de madera de árboles caídos, como cantan algunas historias antiguas y medio olvidadas. Si se fuerza un poco la vista, se verá en el blanco alcázar del barco, cerca del coronamiento a un hombre... o por lo menos lo parece. Con la mano izquierda sujeta la caña del timón y mientras que la derecha se apoya en un pequeño armario decorado con motivos florales de la lejana, y ahora desaparecida Arvenien. Encima del armario descansa un pequeño libro dorado y verde, con un antiguo emblema en la tapa. Sus páginas están en blanco. No hay nada escrito en él. No hay nada que escribir en él.

El capitán, pues él es el capitán del barco, mira permanentemente hacia el horizonte, hacia el sitio donde debería estar el horizonte, pues este extraño mar se curva sobre sí mismo. No hay salida. Su pelo descansa sobre sus hombros. No sopla viento, no hay viento en este mar, ni peces, ni vida. La magia de los Valar le protege a él y a su barco en este entorno oscuro y hostil. Deja la caña del timón un momento y da tres pasos hacia el coronamiento. Se asoma entre dos de los tres fanales de plata que adornan la popa y mira hacia las profundidades. Allí brillan las estrellas, las lámparas de Varda Elbereth. Se incorpora y mira hacia el firmamento. Allí, difuminada por la distancia, envuelta en una azulada neblina que parece de ensueño, está la tierra que lo vio nacer, la tierra que ama, la tierra a la que nunca volverá. Suspira. Se gira y vuelve a coger la caña del timón y a mirar al frente. Tiene que cumplir su misión, pues nadie más puede hacerlo.

Lleva algo en la frente.

domingo, abril 18, 2004

Para adelante

No queda más. He tomado una decisión y, como pasa con todas mis decisiones, no me arrepiento de ello. Ahora solamente queda seguir... seguir, seguir. Si yo no ando nadie lo hará por mí. Adelante pues.

Partida de Cthulhu (por qué será que nadie lo pronuncia como dice Lovecraft) esta tarde. ¿Ire? Me expongo a ser capado si no aparezco, aunque de lo que tengo ganas es de tirarme en el sofá y ver pasar las horas perezosamente. Me lo pide el cuerpo. Pero al cuerpo hay que hacerle caso a veces y a veces no. Es algo que he aprendido recientemente y que no olvidaré. Aparte... Elengaer está en Madrid. Ha vuelto. Y me apetece pasar la tarde con ella. Contar con esta chica en la misma ciudad es un bien demasiado escaso como para desaprovecharlo. Me temo que el horero de Lausana tendrá que esperar ;)

martes, abril 13, 2004

Dudas

La cosa es que tengo una duda difícil de solventar.

Mi situación es algo así como amar una bella escultura con cuerpo de lava hirviente, cabellos de fuego y ojos de luz de estrella. Todo en ella me atrae, pero no puedo abrazarla, ni tocarla, y mirarla me hace daño.

Cualquiera con un poco de sentido común me aconsejaría llamar al servicio de bomberos (en forma de otra sexo, alcohol, dosis intensivas de Neverwinter, etc.), buscar otra escultura que diese menos problemas para ser amada, o, en ultima instancia, cerrar los ojos y volver la cabeza, abrirlos y andar hacia donde sea, diciendo adiós a mi amada escultura ardiente.

Bueno, esta Semana Santa habría sido un buen ejemplo para un profesor que quisiera explicar a sus alumnos el método del primer consejo: he bebido alcohol en cantidades industriales, he comprado mi primera cajetilla de Winston, he comido mucho y muy bien, he jugado a rol y me he empapado varios manuales, he tenido una bella e interesante experiencia con un amigo y con su esposa… es ahora cuando imagino que aquellos a los que la historia ha colgado el estigma de “decadentes” estaban muy contentos de serlo. Es agradable e inconsciente. Ayer instalé de nuevo el Neverwinter. Sé que me voy a arrepentir. Pero el servicio de bomberos ya no es lo que era. Las Semanas Santas cada vez son menos santas.

El segundo consejo… no, me temo que no. Ahora mismo no puedo pensar en otras esculturas desde luego: la que he elegido es tan hermosa…

El tercer consejo se está perfilando como única salida. Quedarme junto a ella y ser testigo del advenimiento de un escultor más diestro que yo y equipado con un traje ignífugo… no. Duele. Y quiero quedarme, pero duele. Y debería irme, pero duele. Y duele que duela… pero duele mucho.

Y tengo una duda difícil de solventar.

martes, abril 06, 2004

La espera es el error

Aquí estoy, enfrente del ordenador, como un imbécil, desde ayer, esperando a que una persona me mande un triste correo. Diría que es muy triste si no fuera por que parece que a mi corazón le gusta regodearse en el dolor. No, a mi corazón no, a la parte de mi mente que se enmascara de tal manera que se la confunde con él. Entonces la palabra no es triste, sino patético.

Ayer no comí. No tenía hambre. No tengo casi comida en casa. No tengo platos limpios donde comer: mi mundo, que yo me he montado y que yo dirijo, confabulado en mi contra. El sol no quiere salir en mi planeta. Pero voy a hacer que salga, aunque tenga que sacarlo a rastras. Ya estoy harto.

Hay que recuperar las fuerzas y el ánimo perdido. Para las fuerzas, nada mejor que un restaurante, un buen entrecot y un buen vino. Para el ánimo, nada mejor que una conversación intrascendente con una amiga con la que puedes hablar de rol, de Enano Rojo, de las espadas de gomaespuma, de Futurama... durante horas sin pasar a términos más trascendentales, a menos que se busque deliveradamente.

A. es la caña. Una superficie atractiva y divertida que enmascara un fondo sensible rico en vivencias y en sentimientos. Me gusta estar con ella, las horas pasan volando. Seguro que su compañía y la comida me hacen recuperar el buen humor.

PD: Ya ya sé. Esta no es una entrada trascendental. Pero es lo que me pide el cuerpo... junto con un buen entrecot y un buen Ribera of course ;)
PPD: A ver qué debate se monta ahora en los comentarios. ¿Sobre la buena comida? ¿Sobre si Rioja es mejor que Ribera? ¿Sobre la necesidad de hablar y/o escribir cosas intrascendentes de vez en cuando? ¿Sobre los títulos que (como ahora) parecen decir más que el texto que los sigue? ¿No habrá debate? La ruleta está en marcha, hagan sus apuestas ;).
PPPD: Si no hay debate no os pongo el bar XD

sábado, abril 03, 2004

Intolerancia

Creo que se debería dar gracias por tener un subconsciente en el que los pensamientos, los recuerdos, las vivencias, y demás piezas de cajón desastre, se van moviendo a un albedrío inentendible e incognoscible. Eso da pie a que dejes una puerta abierta para recordarte que en todo lo que haces y/o dices puede haber, como decía Sabina "el hueso de cereza de una duda", que es posible que no tengas razón; que siempre, aunque no haya luz, hay esperanza.; que siempre hay factores que se nos escapan. Es una suerte.

Es este esquema el que me ha permitido, entre otras cosas, seguir vivo, seguir teniendo esperanza en las personas, y confiar ciegamente en que detrás de todo esto hay una mente juguetona, pero no maligna... algo similar al papel de Dios que hacía Alanis Morissette en Dogma.

Ayer tuve una discusión con una persona amiga (primer error) vía Messenger (segundo error) cuando estaba con un estado de ánimo que dificilmente me facultaría para mantener siquiera una conversación sobre el tiempo (tercer y peor error). En relación a un correo que mandé a la lista del smial. Sigo pensando que tenía suficientes razones para mandar ese correo en esos términos, y creo que soy capaz de hablar civilizadamente de esas razones. Pero, como digo arriba, siempre pienso que puedo estar equivocado, y mientras iba en un coche con un amigo le iba dando vueltas a la cabeza. Y llegué a la conclusión de que, efectivamente, me estaba contradiciendo. Una de las cosas que digo en el correo es que ya está bien de meter tensión y basura a la lista, y eso fue exactamente lo que hice yo al mandarlo. Es algo así como ese axioma, que NO inventaron los presidentes de la Casa Blanca y tan antiguo como el hombre, que dice "hacer la guerra por la paz". Es un sinsentido. En estos momentos me siento como un idiota. Pienso que tengo razón, o por lo menos bastante razón, pero el resultado es una sinrazón.

He llegado a la misma conclusión que un amigo hace bastante tiempo: soy un intolerante. No tolero la intolerancia. Qué cosas ¿no? Estamos condenados antes de decir o hacer nada. No hay salida. Y dado que no hay salida, ¿por qué molestarse en molestarse? No me molesta reconocer que ignoro mi ignorancia, pero mis equivocaciones nunca están equivocadas. Aquello que critico es lo más criticable de mí, y es la primera vez que lo he visto tan claro en la realidad como en los libros.

El lenguaje y la vida te permiten hacer estos bellos e hilarantes sinsentidos. Es posible que por eso me guste tanto Sabina. Creo que hace mucho tiempo llegó a una conclusión interesante, la misma a la que llegó Serrat antes que él: que las heridas se pueden curar con canciones.